- Capítulo #15 de la serie de Fonoma: “Artistas”
Los rascacielos de aquel póster de su cuarto en La Habana hoy forman parte del paisaje que puede apreciar desde su ventana en New York. Nos preguntamos si su versión adolescente lo hubiera imaginado, pero nos inclinamos a pensar que, desde ese entonces, algo tenía entre manos.
Catherine Núñez es una actriz con una ambición contagiosa, sabe vender su talento, y ha aprendido a combinar disciplina e ingenio dentro de una industria donde la visibilidad importa tanto como el trabajo duro.
“Aprendí a tocar puertas a medida que fui adquiriendo madurez como actriz. Si me gusta algún proyecto o quiero hablar de mi trabajo con alguien particular, lo intento. ¿Qué es lo peor que puede pasar? No le haces daño a nadie al luchar por tus sueños”.
Sus dotes como actriz, junto a su determinación, la han llevado a teatros con los que muchos en su profesión sueñan. Cuba, España, Norteamérica. En Florida, Texas, Washington y otros estados ha podido ser “muchas Catherines con otros nombres y vidas”, que para ella es la síntesis de la actuación.

Después de unos años en Estados Unidos todo conspiró para que se mudara finalmente a New York: “Y por fin en 2020 descubrí que una amiga que vivía aquí estaba buscando compañera de piso, así que tomé la decisión”, recuerda.
Para ese momento ya conocía la ciudad. Había estado varias veces y sabía cuánto le podía ofrecer esta urbe. Establecerse ahí la colocaría un paso más cerca de “la gran manzana del teatro”, el lugar que le sacó las lágrimas en 2018 y se convirtió en una de sus metas más añoradas.
“Recuerdo la primera vez que fui a New York y a Broadway. Compré entradas para el musical Kinky Boots y al entrar al teatro empecé a llorar. Me emocionaba el simple hecho de haber llegado allí, aunque fuera en calidad de público. También durante la obra y al finalizar me puse muy sentimental. Ahí supe realmente el deseo que tenía de estar arriba, en ese escenario”.
Una niña que jugaba en las películas de Fernando Pérez#

Con ocho años su mamá la llevó a su primera audición de teatro, para que dejara a un lado la timidez, y a los 10 ya había trabajado en películas como El viajero inmóvil y José Martí: El ojo del canario, bajo la dirección de Tomás Piard y Fernándo Pérez, respectivamente.
“Recuerdo que pasaba mucho tiempo jugando con los otros niños: hay varias horas durante las grabaciones donde, si no tienes que actuar, toca esperar, y siempre hacíamos cosas para que fuera entretenido. Me viene a la mente la claqueta del cine, donde se pone ‘escena tal, toma tal’. Cada vez que la veía le decía a mi mamá: ‘mira, como en las películas”.
Después de esa experiencia, Catherine continuó haciendo teatro y acudiendo a talleres de dramaturgia y expresión corporal, pero a pesar de sus esfuerzos recibió varias negativas para estudiar actuación en la academia.

“Por mucho tiempo tuve una lucha interna por no haber sido aceptada después de haber intentado entrar tantas veces en la ENA (Escuela Nacional de Arte) y en el ISA (Instituto Superior de Arte). Sentí que eso era limitante para mí, pero hoy entiendo que fue un regalo del universo el haber tenido el placer de formarme con quien yo quería, y haber podido beber de diferentes fuentes que han potenciado mi individualidad como artista, en lugar de seguir una manera determinada de hacer”.
Entre sus principales escuelas estuvo Jazz Vilá Projects, compañía con la cual inició en la actuación profesional. Junto a este grupo encarnó varios personajes en obras como Rascacielos, Farándula y Eclipse, y pudo actuar no solo para el público cubano, sino también para otros de culturas diferentes.
Vivir de la actuación en Estados Unidos#

Tras emigrar a Estados Unidos en 2016 ha vivido en Utah, Texas, Washington, Virginia, Maryland y Nueva York. Desde cada ciudad se las ha ingeniado para continuar haciendo lo que le apasiona. En 2018 se unió al Grupo de Artistas LatinoAmericanos (GALA), una de las principales compañías de teatro hispano en Estados Unidos. Junto a ellos ha protagonizado obras como El tiempo de las mariposas, La vida es sueño, El perro del hortelano y recientemente, Las hermanas Palacios.
Aunque Catherine ha transitado desde la comedia hasta el drama, y ha sido parte de adaptaciones de obras clásicas, apunta que a los actores y actrices latinos se les sigue encasillando principalmente en personajes ligados a la migración. A esto se le suma que, por su piel clara y cabello rojo, no encaja en el estereotipo que mucha gente tiene de la mujer latina, lo que puede impactar de alguna forma en su meta de llegar al cine, donde aún no hay tanta flexibilidad como en el teatro.
Pero a Catherine nada la frena. Emigró sola, aprendió y perfecciona cada día el idioma del país en el que vive; ha incursionado en otras profesiones y hasta en eso ha llegado lejos. Inició hace unos años en la narración de audiolibros y en poco tiempo se convirtió en una de las voces de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
¿Cómo te ves en cinco años?
“Me veo trabajando en el cine, de una grabación a la otra, en festivales, hablando con gente de mi trabajo y sobre todo, en Broadway. De aquí a cinco años ya a Broadway llegué”.
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