- Capítulo #5 de la serie de Fonoma: “Fotografía Cubana”
Eduardo Rodríguez decidió un día hacerle un ligero cambio a su apellido para lograr su nombre artístico. Original y muy a tono con el mundo en que su talento se mueve, el de la fotografía. ¿Por qué “Rawdríguez”? Bien sencillo: se debe al formato de archivo digital de imágenes “raw”, que significa “puro” o “crudo”. También es una tímida manera de seguir vinculado con la Lengua Inglesa, la carrera que estudió.
Puede parecer paradójico, pero a Eduardo no le gustan sus fotos. Cuenta a Fonoma Blog que quizás consume referentes que lo obligan a ponerse el listón muy alto. Sin embargo, aclara, eso no significa que no quede feliz con lo obtenido.
Tampoco se define como fotógrafo, sino como artista visual. Resumirse sólo como lo primero sería dejar al margen la parte audiovisual. A veces está haciendo fotos y con el teléfono graba un video, está interesado en cómo se observa esa imagen en movimiento. Despierta una curiosidad casi paralela con la fotografía.
Justamente mediante el audiovisual, tras estudiar algunos talleres y cursos, hizo sus pinitos más serios en la fotografía, aprovechando su presencia en varios rodajes, en los que se nutrió de directores como el exitoso Alejandro Pérez. Antes, durante la carrera y el cumplimiento del servicio social, alivió un tanto su inquietud retratando a compañeros y amigos.
Hoy, con 40 años y una trayectoria respetada, Rawdríguez sustenta y defiende una obra que cubre el desnudo artístico, la moda y la publicidad, géneros sin amplio tratamiento en Cuba. El desnudo artístico le encanta, a través de él encuentra la manera para expresarse, y cuando lo fusiona con la moda lo disfruta al máximo. Con sus instantáneas busca llegar y mover a la persona que las contempla; crear, por qué no, una sensación de felicidad, aunque sea por un segundo.

Al no haber en la isla una industria de la moda, ni sus consecuentes colecciones, campañas y editoriales, resulta todo un reto asumir la fotografía especializada en este tema, explica; pero, por suerte, existen emprendimientos y diseñadores que sí la promueven.
Ante la carencia de revistas digitales e impresas y de otros espacios en Cuba con este tipo de contenidos, buena parte de sus fotos han encontrado en las redes sociales el destino final, que es “chévere”, pero a él le gustaría ver su trabajo en una publicidad en una tienda o una valla. Pone como ejemplo la oportunidad que tuvo en 2016, cuando participó en una campaña para la marca italiana Silvian Heach, y varias de las imágenes tomadas en La Habana luego se exhibieron a gran escala en edificios de Milán y Venecia.
Desnudo artístico con ansias de perfección#

A lo largo de la vida nos han enseñado que los cuerpos deben estar arropados, pero el cuerpo, per se, es una creación maravillosa y mediante el desnudo artístico puede transmitir los más variados sentimientos, dependiendo de la intencionalidad del fotógrafo o de la interpretación del espectador.
Lo que persigue Eduardo Rawdríguez con sus imágenes de desnudos es la búsqueda de lo novedoso y lo especial, que lo encuentra siempre. Porque, al decir de sus palabras, la luz le ofrece visiones diferentes gracias a los movimientos propios de cada cuerpo.
Confiesa su gusto por lo visualmente atractivo y pretende en cada trabajo acercarse lo más posible a la perfección. Amén de que sea una de sus maneras de manifestarse, ha cuidado que sus exposiciones de desnudos no resulten ofensivas o repulsivas, para así tratar de aproximarse a todo público.
Aunque nunca ha vivido ningún malentendido con esta línea profesional que defiende, con su muestra El cuarto oscuro algunas personas le cuestionaron por qué le atraía retratar físicos muy trabajados, que rozaban un patrón perfecto, pero ellos fueron una suerte de voz para exteriorizar las plurales emociones que sentía en ese entonces.
Fotografiar un desnudo no es sencillo, lo tiene claro, porque cuando tienes a alguien sin ropa delante hay que cuidar — explica — aspectos como la luz, la comodidad del o de la modelo, la conexión entre las partes y, lo más importante, lo que se anhela transmitir.
“Respeto mucho el videoclip”#

“La fotografía me condujo a esta expansión. Asumí como director algunos trabajos de videoclips con artistas que había fotografiado para las portadas de sus discos o para campañas de promoción. A ellos les gustaron la estética y la visualidad que manejé en las instantáneas, y me propusieron llevar eso a movimiento. Muchas de las pautas que empleo en la fotografía las mantengo.
“Siempre he entendido que el videoclip es como una obra por encargo, hay que responder al artista, amén de que sea mi obra. Eso sí, generalmente, no cuento historias, no me gusta mucho, trato de que sea un producto más performático y visual”, declara.
Al instante afirma que respeta este género audiovisual como el primer día, porque implica un trabajo bien serio e intenso en cada una de sus etapas, dígase prefilmación, filmación y postproducción.

Exposiciones personales:#
- Diecisiete (Sala Villena de la Uneac, 2010)
- X-Puestas (Factoría Habana, 2012)
- Adiós a las normas (Edificio Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, 2018)
- El cuarto oscuro (Fototeca de Cuba, 2019)
Videoclips dirigidos:#
- Eduardo Sandoval — Rumbeando con Chano (2017; Premio Lucas, Mejor Video Música Instrumental y Mejor Diseño de Vestuario)
- Diana Fuentes — Diciembre sin ti (2018)
- Nube Roja & Diana Fuentes — Un poco más de ti (2018; Premio Lucas, Mejor Video Música Pop)
- Luna Manzanares — Canto a Oshún (2019)
- Luna Manzanares — Ay amor (2020)
- Luis Franco — Aprendí a decir que no (2020)
- Luis Franco & Alexander Abreu — Hombre enamorado (2021)
- Pupy y los que Son Son — Solos tú y yo (2021)
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