Tahimí Alvariño: Vivir muchas vidas#
- Capítulo #4 de la serie de Fonoma: “Artistas”
A Tahimí Alvariño no le gustan las entrevistas, así dice cuando entra al set. Pero pasados algunos minutos eso pudiera parecer incierto. Se sienta, cruza las piernas, y luego de escoger con esmero el labial que usará, a tono con el vestido, se agita el pelo y lanza una carcajada que haría a los malos espíritus salir huyendo en estampida.
Su carisma la coloca entre los rostros más populares y admirados en el cine, el teatro y la televisión cubana. El público la recuerda con un cariño especial en largometrajes como Lista de espera, El cuerno de la abundancia, o en la telenovela cubana Al compás del son, por solo mencionar algunas de sus más memorables apariciones en la pequeña y gran pantalla. Sin embargo, para la primogénita de la talentosa intérprete Coralita Veloz, actuar nunca fue el sueño de su niñez.
¿Tahimí, es cierto que querías ser cirujana?
Quería ser cirujana como mi papá. El deseo duró poco, porque fui a ver a mi padre a una guardia que tenía, vi sangre y me desmayé. Entonces atendían al paciente y me atendían a mí. Decidí que no podría ser cirujana ni nada que tuviera que ver con la medicina.
¿Cómo llegó entonces a motivarte la actuación?
No lo tengo claro. Nací en un ambiente totalmente artístico, desde que abrí los ojos en mi casa habían descargas, guateques; se cantaba, se actuaba. Me crie en estudios de radio y televisión. Salía de la escuela, no había quien me cuidara y entonces, deambulaba por los escenarios. Creo que eso fue alimentándome.
Manuel Porto, el actor, un día tocó la puerta de mi casa, mientras hacía la serie La frontera del deber, y nos dice que tenía un personaje que era el de la hija de él, y que quería que lo hiciera yo. Pero jamás había hecho nada de actuación, incluso, lo hice sin intenciones de querer ser actriz y parece que ahí entró el bichito. Luego de eso, me desperté un día y le dije a mi mamá que quería hacer las pruebas en el ISA (Universidad de las Artes). Estaba en doce grado, y no tenía ni idea de qué iba a estudiar, nada me interesaba. Hice las pruebas, me desaprobaron y ese fue mi primer no, mi primera frustración. Pero me llamaron para un casting de Consuelo Elba, fui y gané el protagónico. Así que por ahí comenzó mi carrera como actriz.

¿De los personajes que has interpretado cuál se parece más a Tahimí Alvariño?
Ninguno. A todos los personajes siempre le pones algo, o sea, desde las circunstancias y la psicología, qué haría yo si fuera de esa manera. Y creo que ahí es donde está lo más interesante de ser actriz, que vives muchas vidas que no tienen nada que ver contigo.
Has integrado el reparto de dos películas cubanas muy queridas y recordadas por el público de la Isla: Lista de espera (2000) y El cuerno de la abundancia (2008), ambas dirigidas por Juan Carlos Tabío. ¿Cómo fue trabajar con ese grande del cine cubano?
Me hablas de Juan Carlos Tabío, y te lo juro que el corazón me hace pum, pum, pum, porque Juan Carlos Tabío es un ser adorable. Ya no está entre nosotros, pero sí está. Una persona tremenda, un artista inmenso. Trabajar con él fue una de las experiencias más bonitas porque era muy receptivo y todos teníamos poder de opinión. Era muy dado a que las cosas variaran y no fueran estáticas, se trabajaba mucho en equipo. Le agradezco eternamente las oportunidades que me dio*.*
¿Cómo fue tu etapa de 10 años en Colombia?
Me fui a Colombia porque me llaman de pronto y me dicen que tenía que estar en tres días allá, pues había salido una serie donde iba a interpretar a la mamá de la protagonista. Inicialmente era por tres meses, pero la serie gustó mucho y decidieron prolongarla hasta los 13 meses. Luego, continuaron llegando trabajos y quise quedarme por un tiempo. Allá nació mi hijo Diego, o sea, tengo un hijo colombiano, y Colombia es mi segunda casa. He regresado, he vuelto a hacer trabajos allá y siempre voy a estar ligada a ese país.

Mientras estabas en Colombia actuaste en la película Todos se van, basada en la novela de Wendy Guerra, que refleja la emigración y el exilio de una gran parte de la generación a la que perteneces. Sin embargo, tú has regresado a Cuba…
Primero, participar en esta película fue un regalo. Porque estar en Colombia, tener la suerte de poder hacer un filme con el guion de Wendy Guerra, que la conozco desde que teníamos catorce o quince años, una película de historia cubana, con un director como Sergio Cabrera, fue algo extraordinario.
¿Por qué he decidido regresar a Cuba y por qué estoy aquí? Porque creo que en la vida todo tiene etapas. Hay ciclos que abren y cierran, y sentí emocionalmente que necesitaba más ser que hacer. Quería vivir rodeada de lo que quiero, de mi familia, de mis afectos, de mis amigos, y por eso regresé. No quiere decir que mañana no vuelva a irme, quién sabe, a Australia. Estoy abierta a todo, a que la vida me ponga delante lo que tenga que ser, no fuerzo las cosas. Si se da la oportunidad de ir, pues lo haré, y dispondré qué decido hacer con el tiempo que esté fuera. Hay algo que sí tengo claro, yo quiero ser feliz y estar a gusto conmigo misma. Donde me sienta así, ahí estaré.
¿De tus muchísimos rodajes hay alguna anécdota que te guste recordar?
Haciendo Lista de espera, cuando mi personaje se entera que Pichi (Jorge Perugorría) no es ciego, ella va y le mete una cachetada. Esa parte no se ensayó y se me fue la mano. Le di tremenda cachetada a Pichi, y él se molestó muchísimo. Entonces yo empecé a llorar. Cuando él vio que yo estaba peor que la molestia que él tenía, me dijo: “ya, para de llorar, porque se lo voy a decir a tu papá”, como si yo fuera una niña chiquita (risas).
Otra anécdota, fue la de los famosos ratones de la telenovela Rosas a crédito. Pusieron ratas blancas pintadas de gris sobre mí, pero eran enormes. Yo siempre dije que iba a cerrar los ojos y cuando dijeran corte, me las quitaran rápido. Pero con el nervio abrí los ojos antes y me vi con las ratas encima. Empecé a gritar con un ataque de histeria total.

Tengo entendido que eres una mujer espiritual y muy religiosa. ¿En qué cree Tahimí Alvariño?
Creo en todo, en la religión yoruba, en los santos, en los muertos, en la luna y en el universo. Creo que lo que sucede arriba incide abajo, como estén alineados los planetas, los eclipses, las lunas, todo eso influye indudablemente en la Tierra. Son energías que propician cosas, que cuando uno entiende de eso, se percata o se prepara para ellas. Creo, igualmente, en hacer el bien sobre todo punto de vista. Si todos dijéramos, hagamos bien sin mirar a quién, desde el alma de uno mismo, esa energía se va irradiando y llega a todos.
¿Qué te quita el sueño?
Desde que medito nada me quita el sueño, pero sí me preocupan muchas cosas. Las injusticias no me gustan, no me gusta ejercer el poder abusando del desvalido o de quien no puede protegerse o defenderse. Creo que deberíamos ser mucho más respetuosos. No me gusta la humillación, no me gusta que le pasen por encima a la gente. No me gusta la mentira.
¿Qué quisieras legarle a tus hijos?
Los valores, ser buenas personas, ser justos, empáticos. No lastimar y llevar siempre una sonrisa porque nadie sabe por lo que están pasando los demás y todo el mundo tiene su propia guerra. Ser amables, ser gentiles, para mí la gentileza es de los mayores valores que hay… y la humildad, la verdadera humildad.
Fonoma es un servicio de recargas a Cuba:
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