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Entrevistas

Alain Pérez: “Me muevo por espíritu, por mi gente”

Alain Pérez parece poseído por la música. Como si ella fuera su lenguaje, el del alma. Mientras habla, también tararea alguna canción.

Jennifer Veliz Gutierrez 11 mins
Alain Pérez, virtuoso músico cubano

Alain Pérez, la música en el alma
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  • Capítulo #1 de la serie de Fonoma: “Artistas”

Alain Pérez parece poseído por la música. Como si ella fuera su lenguaje, el del alma. Mientras habla, también tararea alguna canción. Su actitud es absolutamente melódica. Pocas veces se nota en alguien tanta pasión.

Un cubano universal, que pasó de cantar en una agrupación cienfueguera a tocar 10 años junto al Maestro Paco de Lucía. Antes de llegar ahí, ya habían confiado en su talento grandes como Chucho Valdés, Celia Cruz, los Van Van e Issac Delgado.

Alain Pérez es un cubano universal
Alain Pérez es un cubano universal. Foto: Daniel Arévalo / Fonoma.

Blog Fonoma entrevistó a este multiinstrumentista, compositor, arreglista, cantante y productor musical. Con su figura, abrimos una serie dedicada a conversar con artistas cubanos de impacto internacional.

¿Siempre quisiste ser músico?

Creo que nací músico o la música me adoptó, me escogió. Nací, y sin darme cuenta aparecí en un escenario. Primero en el patio de mi casa, con los parranderos del pueblo y, de pronto, desde los 9 años, ya estaba ensayando, con mis lecciones de guitarra, de solfeo y piano. Creo que nací para esto. No sé hacer otra cosa. Bueno sí, amar.

Alain Pérez, a los 9 años
Alain Pérez, a los 9 años. Foto: cortesía del entrevistado

¿Todo lo que es hoy Alain Pérez comenzó en Manaca Iznaga?

Nací allí, al lado de Trinidad, en el Valle de los Ingenios. Una tierra de mucha historia, mensajes, ecos y energías de los ancestros. Un lugar muy puro, natural, de gente humilde, llana y alegre.

Vi en mi padre lo que soy hoy. Él tenía ese artista dentro, el de la poesía, el baile, la fiesta y la sinceridad. Desde niño escribía, es un poeta genuino.

Empecé a interesarme por la música. Aprendí la armonía, él descubrió que podía acompañarlo y crear con él. Entonces ponía la letra y yo iba buscando el color, la melodía. Hasta hoy.

“Yo vi en mi padre lo que soy hoy”
“Yo vi en mi padre lo que soy hoy”. Foto: Daniel Arévalo / Fonoma.

A sus 9 años, ocurrió algo curioso que cambió la vida de Alain. De Manaca Iznaga llegó un día a Cienfuegos y allí se quedó un buen tiempo. Esto fue una señal, como tantas otras que cuentan su historia.

En una fiesta en el batey surge la conexión con una persona que estaba allí y comentó que había un grupo en Cienfuegos, llamado “Cielito lindo”, que buscaba un cantante.

Me llevaron entonces a la casa de Enrique Pérez, el director del grupo. Tremendo músico, de los mejores de la ciudad, tocaba todos los saxofones, el requinto… era de la Banda de Concierto de Cienfuegos.

Enrique me hace unas pruebas y ese mismo día me quedo a vivir en su casa, con el consentimiento de mis padres. Él tenía tres hijos más, todos músicos.

Había una magia, una fuerza sobrenatural en ese momento, que empujó aquella decisión porque yo pienso ahora en mis hijas y sería incapaz de dejarlas en ningún lado por más ilusión que tengan. Ese día me quedé ahí, mis padres regresaron a Manaca Iznaga, después me trajeron un maletín con las cositas y así empezó mi vida desde los 9 años hasta ahora.

Alain Pérez en el Grupo Cielito Lindo
Alain Pérez en el Grupo Cielito Lindo. Foto: cortesía del entrevistado.

Otra señal: llega a la Escuela Nacional de Arte (ENA) y al poco tiempo se convierte en el músico más joven de la historia de Irakere, con 17 años.

Cuando llegué a la ENA creé mi propio grupo. Se llamaba Alain y su Síncopa. Un día, había una actividad en la escuela y asistieron muchas personalidades de la música cubana, entre ellos el maestro Chucho Valdés. Él se acerca y me felicita. Me invita a tocar con mi grupo junto a Irakere. Dos meses después de ese concierto, me propone trabajar con Irakere, como cantante y tecladista.

Fue la confirmación más grande. Aquello de Cienfuegos, que se repite después con Chucho Valdés, más tarde con Paco de Lucía, con Celia Cruz. Se confirma el amor y el respeto a consagrarse de corazón a esto. ¡Increíble!

Después de Irakere, ¿cómo entras al grupo de Issac Delgado?

Chucho me da a conocer en el ámbito musical. Me dejó hacer arreglos, canciones mías y de mi padre. Todo el trabajo que veníamos haciendo se aprueba en Irakere. Fue como un Máster, como graduarme antes de tiempo. Le estoy muy agradecido al Maestro.

Entonces, Issac buscaba un bajista en aquel momento. Iván “Melón” González me dice: “Asere, el tipo eres tú”. Pero yo no había tocado el baby bass y además me hacía ilusión un viaje que tenía para ir a Europa, con mi grupo.

Se apareció Issac en persona y finalmente me rendí. A mí me encantaba el trabajo de él porque ofrecía otra cosa, se desmarcó. Además, había una energía ahí, con los socios de la escuela que estaban en su banda, su música, su inteligencia y su sensibilidad.

Le pedí una oportunidad para practicar el baby bass. Le metí el pecho a aquello y todo fue bien. La vida es así: me tocó y la bateé.

Alain Pérez fue el músico más joven de la historia de Irakere
Alain Pérez fue el músico más joven de la historia de Irakere. Foto: Daniel Arévalo / Fonoma.

Con Issac viajas a Madrid y allí surge la conexión con el flamenco y con Paco de Lucía. Cuéntanos qué significó eso para ti.

El flamenco es como un océano. Cuando choqué con él por primera vez, me deslumbró, me enamoré de su magia, su ritmo, la sinceridad en la expresión, el sentimiento a lo cortico. Tuve la suerte de coincidir en Madrid con grandes como Israel “el Piraña” Suárez; El Cigala, cantando en una esquinita; Jerry González, una figura importante del latin-jazz de Nueva York, y muchos otros.

Lo nuevo para mí era el flamenco, esa transparencia del alma en un espacio reducido es un compromiso. Me dejé llevar por ese sentimiento y me puse a estudiar, a interactuar, a compartir en las noches del Café Berlín, la nocturnidad madrileña, su locura y su fantasía.

Empecé a convivir, a fluir, a tocar, a sentir en el mismo lugar. Ese proceso me lleva a las manos de Paco de Lucía.

El primer encuentro que tuvimos con el Maestro fue a través de Javier Limón que producía el disco Cositas Buenas. Él le comenta que había dos jóvenes músicos con un sonido diferente. Es cierto que el Piraña y yo teníamos una energía muy bonita. Paco nos recibe en el estudio, nos pone una canción de él y nos pregunta: “¿Qué creen que se le pueda hacer al tema?” ¡Qué situación, qué prueba! Si hablas puedes meter la pata; si te quedas callado no tienes criterio.

El Piraña y yo nos miramos. Le dije: “Maestro, al final hay una rueda de acordes, un ciclo armónico, quizás se pueda hacer un solo, abrir un poquito más a la improvisación”. Él respondió: “está bueno eso, mañana empezamos a grabar”. Al otro día fue la grabación y aquello fue terrible porque no había grabado a ese nivel, con tal concentración y exigencia. Fue muy bonito e interesante. Todo empezó a fluir y a relajarse.

Estuve 10 años con él, por el mundo entero, con esa entrega, ese rigor y esa disciplina que exigía. En su mirada había como un reconocimiento espiritual, una conexión … de eso se trata la música.

Alain Pérez tocó durante 10 años junto al Maestro Paco de Lucía
Alain Pérez tocó durante 10 años junto al Maestro Paco de Lucía. Foto: cortesía del entrevistado.

¿Qué es lo mejor que le ha pasado a Alain Pérez?

Respecto a estas figuras, más allá de aprender, del talento, la experiencia, el legado, la sabiduría, hay un detalle importante, y es el valor humano de estos grandes, la humildad, la sencillez y no creerse nada; saberlo, sentirlo y dejar que fluya. Esto siempre me gusta compartirlo con todos. He tenido la suerte de conocer gente muy grande, muy linda, que también es muy humana y humilde. Por ejemplo, Celia Cruz y Paco de Lucía, ellos querían escapar siempre del personaje.

¿Tienes algún ídolo?

Tengo muchos. Admiro a bastantes cantantes cubanos de hoy pero como quiero vivir de emoción y es eso lo que me trajo hasta aquí, me gustan mucho Benny Moré, Arsenio Rodríguez, Rolando Laserie, Abelardo Barroso, los Muñequitos de Matanzas, y más. Me encantan las cosas puras, las de verdad. Me gustan Bach, Beethoven, Mozart, Leo Brouwer, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba, Camarón, Paco de Lucía…

“… soy un hombre de ahora”
“… soy un hombre de ahora”. Foto: Daniel Arévalo / Fonoma.

¿Qué te inspira?

Lo primero es mi familia. Me inspiro de muchas fuentes, pero lo más importante son las personas, su energía. En Cuba me motiva un detalle, una sonrisa, una frase que digan en la esquina; los problemas, por supuesto. La naturaleza y el mar tienen una fuerza tremenda. Las mujeres.

Se habla de tu genuina voz de sonero, ¿es así como quieres definirte? ¿Con qué genero te sientes más cómodo?

Para sentirme pleno me gusta cantar la música tradicional cubana. Nací en blanco y negro, me gusta mucho el son y el bolero. También es un deber del artista crecer, evolucionar, proponer, pero ese principio natural de defender la música del pasado está en mi corazón.

Yo vengo de esa raíz, pero soy un hombre de ahora. Uno va conociendo otra estética, formas y texturas. Me interesa hallar mi color a la hora de escribir, de tocar y cantar.

“Cuando me comparan con el Benny es un elogio…”
“Cuando me comparan con el Benny es un elogio…”. Foto: La Tiza Films / Fonoma.

¿Te agrada la comparación que te hacen con el Benny?

Cuando me comparan con el Benny es un elogio, una alegría y una satisfacción, siempre dejando claro que él ha sido lo más grande. Creo que de todos los cantantes de su época fue el más sofisticado, estaba adelantado a ese tiempo. Tenía un conocimiento musical extraordinario, aunque algunos recalquen que no sabía escribir. Tenía una sensibilidad especial, cantaba los boleros diferente a todos. Las cosas que él hacía eran muy auténticas.

¿Tienes algún ritual?

Algunas veces hago una oración, pido a Dios que me acompañe en el intento de llegar a lo más sublime del mensaje, espiritualmente.

¿Cuál es la música que siempre tienes que escuchar?

A veces me engancho con Celeste Mendoza y el trabajo de Bebo Valdés junto a ella. La música clásica también está presente en todo momento. Tchaikovsky es extraordinario. Los clásicos inventaron toda la música, son los dioses del olimpo en este arte, sin subestimar al resto. Me gusta mucho el Gospel también.

¿Puedes contarnos alguna anécdota con Celia Cruz?

En el tiempo que estuve trabajando con Celia ella tuvo muchas acciones de cariño conmigo y mi esposa, Daría, que estuvo en los coros. Siempre regalaba las flores de los conciertos y traía chocolates y caramelos para los músicos. Incluso nos dejó pasar a su camerino alguna vez, algo que en su nivel de estrella no suele pasar. Fue muy cubana hasta el último día de su vida.

“El cuento de la buena pipa” es el título de su álbum más reciente
“El cuento de la buena pipa” es el título de su álbum más reciente. Foto: La Tiza Films / Fonoma.

¿Ha funcionado tu decisión de volver a La Habana en 2015?

El público ha aceptado mi propuesta, mi energía, mi manera de decir las cosas dentro de la música cubana. He tratado siempre de vincular la estética del pasado, el respeto hacia los maestros, con toda la experiencia adquirida.

Creo que ha sido positivo mi regreso a Cuba, estoy feliz. Me muevo por espíritu, por mi gente. Aunque en España y en el mundo, en etapa anteriores, encontré respuestas bonitas de emociones y alegrías, Cuba me devuelve el Alain Pérez de Manaca Iznaga.

Coméntanos sobre tus proyectos actuales

El Cuento de la Buena Pipa está por empezar a caminar, a volar, a sonar por escenarios en Cuba y el mundo. Aprovecho para agradecer a todo el público que ha tenido muestras positivas con el nuevo disco.

También estoy produciendo un álbum con Issac Delgado, en homenaje a La Aragón, por sus 80 años.

Quiero hacer un disco de boleros, con cuerdas, ya tengo el repertorio. Será una cosa bonita porque creo que hace falta música para escuchar.

“Cuba me devuelve el Alain Pérez de Manaca Iznaga”
“Cuba me devuelve el Alain Pérez de Manaca Iznaga”. Foto: La Tiza Films / Fonoma.

¿Cómo quiere Alain Pérez que se le recuerde?

Me gustaría que me recordaran primero como una buena persona y que las cosas que hice sirvan de inspiración.

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