Ernán López-Nussa, los ritmos de un virtuoso#
- Capítulo #3 de la serie de Fonoma: “Artistas”
Corrían en Cuba los años 60 y en la barriada habanera del Vedado, un niño de apenas 10 años aprendía a lidiar con sus pasiones. Las mismas manos que se apresuraban por atrapar la bola y sacar un out descendían más tarde sobre el teclado del piano familiar, para articular melodías entre síncopas y contratiempos.
Aún no daba pasos firmes cuando su madre descubrió que el pequeño Ernán López-Nussa tenía aptitudes para el instrumento. Desde entonces comenzó un camino de disciplina y esfuerzos que aún no ha terminado.
Hoy es uno de los pianistas y composiTores latinoamericanos más admirados. Así lo demuestran sus principales reconocimientos, como el Primer Premio en Composición, con la Obra Lobos’cha, en el Festival de Jazz de Martinica en 1993, y los tres Grandes Premios Cubadisco, por los álbumes From Havana to Rio, Sacrilegio y Veinte Pianos.
Su arte para incursionar en diversos géneros y hacer un jazz impecable a través de ritmos cubanos, lo ha convertido en un gran virtuoso, y aunque no se podría asegurar que los López-Nussa tengan un pacto con Apolo, nadie dudaría que en esta familia la música es cuestión de ADN.
“Seguimos pensando que mi madre era la música de más talento en la familia. Ella era la que tenía el entorno musical en la casa. No solamente una gran discoteca, también un piano donde se ponía a tocar. Era muy talentosa. Creo que yo tendría poco más de un año cuando me acerqué al piano y ella detectó que tenía alguna aptitud. Y así ha sucedido con el resto de la familia”.

Si tuviera que describir su infancia a través de una imagen, ¿cómo sería?
Pienso que fue feliz, y pienso en ello a cada rato. Fue de mucho sacrificio, siempre tenía la disciplina de poder coordinar los estudios con el juego, fue y ha sido lo más difícil, sobre todo en los primeros años. No tienes conciencia de dónde te has metido. Muchas veces me tenían que ir a buscar al parque porque estaba jugando pelota. Yo creo que cualquier niño que sepa en qué se metió, desistiría. No es solamente esfuerzos, requiere tiempo. Porque no hay otra manera, tienes que estar horas frente al piano.
Fue en el Conservatorio Alejandro García Caturla donde Ernán comenzó sus estudios de música. Admiraba a pianistas como Count Basie, Miles Davis, Wiston Kelly y Red Garland. Comenzaban a mezclarse en él la herencia francesa y polaca de su madre con las afluencias cubanas y La Habana de los años 60 y 70. No solo lo iluminaron el jazz swing y los grandes exponentes estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, en la música cubana encontró también la inspiración y la esencia de lo que ha sido su obra.

¿Cómo ha sido hacer jazz a través de música cubana?
Ha sido una necesidad. De la única manera que un lenguaje y sentimiento extranjero pueda salir de ti de manera orgánica tiene que ser con tu cultura. Y si ese es el propósito, pues con más razón. Mi propósito siempre fue hacer música cubana a través del jazz, o jazz a través de música cubana.
¿Qué han significado Afrocuba y Silvio Rodríguez para su trayectoria?
Afrocuba, primero es una fusión, fue la agrupación en la que me formé. Más de la mitad éramos estudiantes, y quienes la fundaron eran músicos veteranos, treintañeros en ese momento. Fue mi primera escuela profesional, la que no habíamos obtenido en la carrera porque es otra enseñanza. Afrocuba, además de haber sido el primero, es uno de los grupos más importantes en la historia de la música cubana, especialmente en el jazz. Significa muchísimo para mí.
Creo que no hay edad para aprender, pero digamos que Silvio Rodríguez fue la graduación que tuvimos la suerte de tener en Afrocuba. Él con su visión y su experiencia siempre le daba el toque final a los arreglos, a las presentaciones, a los discos que hacíamos juntos. Yo le debo mucho en todos estos aspectos, mucho de la música.

Cuarto Espacio y Síntesis…
Síntesis fue también uno de los primeros grupos con los que trabajé, poco tiempo, pero fue muy importante. Es otro género, sobre todo el rock, y con un gran potencial que ha mantenido a través de los años.
Cuarto Espacio, digamos que fue la plataforma para lo que ha devenido todo mi trabajo posterior. Fue el cuarteto egresado de Afrocuba en el que yo tenía la responsabilidad, o gran parte de la responsabilidad de la creación, de la composición, y esto creó en mí el compromiso de crear y de trabajar en ese sentido. Definió un poco lo que vendría después.
Habana Report recreó lo más autóctono de la música cubana. ¿Qué satisfacciones le deja esa época?
Habana Report es de los grandes momentos de mi vida. Quería hacer una música con una base tradicional, sobre todo trabajar el danzón, y la mejor manera de hacerlo era con músicos que tuvieran esa experiencia, con un añejamiento para darle el toque y lo que debe llevar el género.
De los proyectos y agrupaciones que he tenido, este es uno de los que más he disfrutado, y de los que más siento que haya terminado, porque lamentablemente dos de sus grandes integrantes, Tata Güines y Don Pancho Terry, fallecieron. Son dos músicos que recuerdo con mucho cariño. En Habana Report, la música era muy orgánica, honesta y con mucha improvisación e intercambio entre generaciones. Es de lo más importante que he hecho en mi vida.

Si le pidieran que conformara una banda para una gira y pudiera escoger a cualquier músico. ¿Cuál sería esa banda?
Recordando a los grandes artistas como Tata Güines, diría que ese sería uno de los músicos. Lamentablemente no puedo contar con él, y me sería muy difícil escoger a otros. Hay muchos que son muy buenos, pero con el que más me he identificado, y el que más me ha enseñado ha sido ese. El otro es José Luis Quintana (Changuito), y siempre quisiera tener músicos como Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, son tantos que sería una banda enorme. Me gustaría tener a Chucho Valdés también, y bueno, yo tocaría otro instrumento, o tocaríamos a cuatro manos. Me encantaría sumar a Emiliano, Frank Emilio, sería una fiesta de piano. También invitaría a músicos norteamericanos, Bill Evans, por ejemplo, que ha sido uno de los que más me ha marcado. Sería una banda tan gigante que no sé a qué sonaría.
¿Qué inspira a Ernán López-Nussa?
Me inspira la vida. Todo lo que sucede alrededor mío. Por supuesto, el arte, venga de donde venga. Todo lo que se mueva con pasión a mi alrededor me inspira. Las músicas de diferentes lugares del mundo y las personas, lo rico que te ofrecen los amigos y los artistas que te rodean.

Su música está marcada profundamente por los ritmos cubanos. ¿Qué es entonces Cuba para Ernán López -Nussa?
Cuba es el lugar de donde parten mis amigos, la música que me conmueve, donde está el clima, los colores que me gustan y es la plataforma donde yo puedo crear con tranquilidad y con felicidad realmente. Por desgracia muchos amigos ya no residen en la Isla, pero por suerte, también siguen llegando otros, y esto es muy importante para poder tener un entorno feliz.
¿Si tuviera que componer una pieza de jazz que ilustrara desde el sonido la Cuba de hoy, qué título le pondría?
(Risas) ¡Tú sabes que una de las cosas que más me inspiran en Cuba son los ruidos! Los detesto en momentos de dormir o de tranquilidad, pero esos ruidos también muchas veces son fuente de inspiración. Puede ser música que se convierte en ruido, una fanfarria, una conga. He estado en Santiago de Cuba, y ha venido de pronto una conga que ha irrumpido en una esquina y ha desaparecido. Eso ha inspirado en mí canciones, arreglos, etc. Así que el título de esa pieza podría ser: de una calma como te la da el mar o de un ruido semejante a una conga.
Fonoma es un servicio de recargas a Cuba:
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