Ernesto González Umpierre, el hombre detrás de “Yakeline, la Pandemia”#
- Capítulo #18 de la serie Fonoma Talks
Nadie conoce mejor a “Yakeline, la pandemia” que Ernesto González Umpierre. Ni siquiera “La Tiburona”, una de las “amiguitas” más cercanas a la Yake, puede hablar con tanto lujo de detalles de la vida íntima de una de las travestis más populares de La Habana. Testigo de cada una de las andanzas nocturnas, en las cuales la ha visto sacar su “San Judas Tadeo” para espantar al primer acosador que aparece en el camino, el humorista cubano conocido como “El Flacomímico” confiesa que la “Muertecita de miedo” no es más que un fraude.
Sin embargo, para sorpresa de muchos, la declaración hecha por González Umpierre no alude a las gangarrias, plataformas, abanicos y bolsos baratos característicos del atuendo de quien aspira a ser coronada, algún día, como “La Perrona” o “La Divina del Año”. Conocedor del gusto de la Yake por las pelucas rojas, las medias pantis negras, los pellizcos de flores exóticas y las uñas postizas, el artista matancero asegura que el engaño radica, en la voz y los gestos, de quien se autodefine como un “aura tiñosa”, al mismo tiempo que se hace pasar por una fiel peregrina para obtener uno que otro “favorcito” del Cristo de La Habana.
“No me canso de decirlo. Yakeline es un fraude de personaje. Ella no está inspirada en una sola persona, sino en dos. Su voz proviene de un director artístico, quien hablaba con un timbre bastante rajado; mientras que sus gestos, reproducen el manierismo de una cantante con la cual tuve la oportunidad de trabajar durante un tiempo en Varadero”, afirma el actor mientras suelta una carcajada gutural típica del personaje más popular que ha encarnado en sus 35 años de carrera artística.

Iniciado, desde temprano, en el mundo de imitar el canto y gesto de otros con el acompañamiento de un sonido grabado previamente (fonomimia), Ernesto, quien jugaba de niño a doblar algunos de los números del comediante argentino José “Pepe” Biondi, no puede evitar sentir celos ante la fama de Yakeline , quien ha convertido la siguiente frase en casi un himno de calle: “Yo soy una cara, un cuerpo, un sentimiento, un paquí, un pallá, que te lo quito, que te lo doy, cuida’o que te muerdo… Aarrhnn!!!”.
“Creo, a veces, que la gente se identifica más con Yakeline que conmigo. Niña, a mí ni me miran. Solo tienen ojos para ella”, apunta con cierto recelo el actor originario del barrio La Playa, ubicado en Matanzas.
Sobre el arte de construir un personaje#

Convencido de que su destino era, definitivamente, el humor luego de que el Premio Nacional de Teatro, René Fernández Santana, advirtiera sus dotes para la comedia en los días en que incursionaba en un grupo de aficionados, el artista graduado de instructor de teatro asegura que cada uno de sus personajes proviene de la realidad.
“Todos mis personajes están ahí afuera en la calle. No me canso de estudiar el comportamiento humano, es decir, la manera en la que las personas se ponen sobrias o se descomponen. Cuando un gesto o reflexión sobre un tema me resultan simpáticos, los capto y los practico hasta que se me quedan. Luego, escribo una situación para insertar el nuevo personaje y listo”.

Bautizado como El Flacomímico tras una broma gastada por la actriz de radio Xiomara Fernández, este actor que da voz y cuerpo a varios personajes como “Carmita, la guajira de Candelaria”; “Estrellita Lucero”; “Margarita, la guía del museo”; “Genoveva, la viejita”, y “Puchito”, reconoce que siempre hay algo de él en cada uno de sus caracterizaciones.
“Sí, creo que hay un poco de Ernesto en cada una de los personajes. Dice un amigo que Yakeline es mi alter ego. Realmente, hay un poco de mí en ella y en todos los demás”.
El absurdo, un recurso para hablar de la realidad#

Con la filosofía de que la actuación humorística es un constante experimento, el cual impide al artista “enquistarse” en el éxito, Umpierre advierte que la caracterización en el humor no debe permanecer estática.
“Hasta el humor más noble, es decir, aquel que denominamos blanco, debe estar en sintonía con lo que sucede en la sociedad. Los personajes no pueden quedarse detenidos en el tiempo, al contrario, deben estar en una constante actualización. La gente debe identificarse, ante todo, con lo que uno dice”.

Admirador de las famosas estampas de “El Acuarelista de la Poesía Antillana”, Luis Carbonell, los stand up comedy del español Dani Rovira, del magistral personaje “Mamá Cora” defendido por el argentino Antonio Gasalla y de la obra de Osvaldo Doimeadiós, el actor cubano confiesa que el uso del absurdo le ha permitido hablar sobre lo que más le inquieta como ser humano.
“El absurdo es una herramienta muy eficaz dentro del humor. Gracias al empleo de este recurso he podido tocar temas que nos chocan diariamente y hacer reír a muchos de situaciones que resultan, verdaderamente, dramáticas. Por ejemplo, en La fuga de la tórtola hablo de la emigración. Las amigas de Yakeline se están yendo y la están dejando sola. Eso nos afecta a todos. Ya a mí me duelen los ojos de tanto llorar cada vez que despierto y me entero que alguien más se ha ido”.
La fonomimia, un arte que necesita oxígeno#

Con la experiencia de haber formado parte de Los Fonomemecos, quienes brindaban un aire renovado de la fonomimia dentro del escenario cubano, Ernesto González todavía recuerda una de sus primeras caracterizaciones junto a ese popular grupo humorístico.
“Imagínate, uno de los primeros trabajos implicaba caracterizar nada más y nada menos que a la cantante y actriz española Lola Flores. Tenía mucho miedo. Hasta tuve que aprender a bailar flamenco. Fue muy difícil, pero me gustó mucho hacerlo”.
Los anhelos de un artista#

Con el desafío reciente de caracterizar al maestro Germán Pinelli en el documental Páginas de La radio en Cuba, el actor reconoce que su principal anhelo como artista no es otro que hacer feliz al público.
“Si tú vas a mis espectáculos y sales un poco alegre de ahí, mi misión está cumplida. No es solo hablar de fenómenos que pueden ser un poco incómodos para la sociedad, sino contribuir a que tú te sientas bien a pesar de todo. Cuando te ríes, el cuerpo sana”.
Inmerso, hoy por hoy, en la agitada vida de la capital, ya que reside en el corazón del Vedado, Ernesto, quien extraña el olor a mar y el aire puro de su barrio natal La Playa, confiesa que su mayor sueño es vivir, un día, en una Cuba con toda su gente.
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