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Fotorreportaje: La vida en un pueblo pesquero cubano

Cuando el sol asoma por encima de Cayo Fragoso, la vida en Playa Nazábal, provincia de Villa Clara, hace rato que comenzó.

David Estrada Rodríguez 3 mins
Pescadores de Playa Nazábal reparando un barco

El día a día en Playa Nazábal
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Cuando el sol asoma por encima de Cayo Fragoso, la vida en Playa Nazábal, provincia de Villa Clara, hace rato que comenzó. Las pandongas estuvieron toda la madrugada reptando el suelo de la orilla en busca de los camarones que traen los nortes.

Mami y Papi (así le dicen cariñosamente en el pueblo) ya tienen listo el café para brindarle a los amigos pescadores que pasan, algunos que se retiran a esa hora y otros que recién comienzan la faena. Papi le lleva una taza al conductor del carata; este prende un cigarro para esperar a que lleguen quienes trabajan en otros pueblos y los niños que van a la escuela en el batey. Este es el transporte que tienen. Antes había una guagua pero, las malas condiciones de la carretera y la falta de combustible, lo dejaron de lado.

Mami y Papi en la puerta de su cocina
Mami y Papi en la puerta de su cocina. Foto: David Estrada/ Fonoma.

Luego que sale el carata, el pueblo parece vacío; los que quedan van al muelle para pescar el almuerzo. Allí están todos, mujeres, hombres, ancianos y jóvenes; están los que capturan sentados en el borde de las tablas y los que pasan con las gomas de tractor para adentrarse en la bahía e ir a los puntos donde pueden encontrar peces más grandes, sobre todo los primeros pargos que llegan con la corrida anual.

También hay quienes están en la base de pesca reparando los botes y los trabajadores de la Estación de Manejo de Vida Silvestre, pero ya no se ven muchas más personas por los alrededores. Se puede caminar por las entrecalles y con suerte oír algún cangrejo o gallina que se mueve entre los herbazales.

Muchas de las casas están vacías: varias reconstruidas tras el paso de tormentas tropicales; otras abandonadas a su suerte y algunas de veraneo, época en que Playa Nazábal toma auge, más ahora que hay un proyecto de desarrollo local con ofertas gastronómicas y recreativas.

El carata es una especie de ómnibus que va por las líneas de ferrocarril
El carata es una especie de ómnibus que va por las líneas de ferrocarril. Foto: David Estrada/ Fonoma.

Al mediodía se puede almorzar la pesca de la mañana ya sea en minutas, en salsa o el pipián (a su estilo: arroz con pescado) de Onoris y Lázaro, acompañado de agua de lluvia para beber, recogida en aljibes, porque el agua es salobre y la pipa de agua potable puede tardar semanas en llegar.

Por las vías que llevaban el azúcar del antiguo central al almacén del muelle llega el carata después de las cinco de la tarde, con las mismas personas que salió en la mañana. Los recién llegados se cambian la ropa y van a pescar. Ese es el caso de Edelis, maestra de una escuela en el poblado más cercano, que se da cuenta que hay camarones y agarra su pandonga, botas de agua y va a hacer lo que ha estado haciendo desde niña.

Así llega el final del día en Playa Nazábal. Todo se repite y su gente sigue resistiendo los temporales y disfrutando la pesca como cualquier otro pueblo pesquero cubano.

Playa Nazábal
Playa Nazábal. Fotos: David Estrada/ Fonoma.

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