- Capítulo #17 de la Serie de Fonoma: “Emprender”
Fernando Martirena y Anadis González son dos jóvenes arquitectos cubanos; hijos de su época, no importa cómo se esboce su presentación, han fusionado dos obsesiones: la arquitectura y Cuba, en el proyecto Infraestudio.
Defienden las ideas espaciales y sus diferentes manifestaciones: pueden ser edificios, proyectos ficcionales, instalaciones o libros. “Defendemos un discurso que se manifiesta en la realidad a través de diferentes recursos”, comenta Fernando.
Emprendieron la vida profesional en 2016, cuando aún cursaban estudios en la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE).
El nombre se deriva del prefijo “infra”, que significa “antes que, por debajo de” y también hace referencia a “una arquitectura que pretende ser menor, que se esconde un poco en el paisaje y pretende que las ideas sean más importantes que las formas”, explican.
¿En qué momento la arquitectura deja de ser una ingeniería para devenir arte? Anadis: Es una pregunta que siempre se nos impone y la mejor respuesta que tiene es la huida. Diferenciar arte y arquitectura nos parece un principio bastante restrictivo. Para nosotros la diferencia podría explicarse en cuanto a que la arquitectura no está solo enfocada en resolver problemas. Ello constituye un pensamiento simplista. La arquitectura tiene que lidiar con situaciones comunes. Por ejemplo, cómo hacer llegar el agua de un lado al otro, la electricidad, cómo dormir bien, etc. Sin embargo, cuando empieza a crear propuestas con una intención mucho más sociológica, política o que tienen un posicionamiento hacia el ser humano y la forma en que vivimos, ahí tal vez es cuando se diluye con el arte.

Cuba cuenta con una larga tradición arquitectónica, ¿en qué momento se encuentra? Fernando: “Digamos que hay un antes y un después de la Revolución cubana. Antes de 1959 la arquitectura, más allá de ser un componente burgués, era un componente identitario muy fuerte de lo nacional. Sin embargo, después se convierte no solo en una identidad, sino también en una estrategia de sociabilización. Creemos que en estos primeros años es donde se hace una arquitectura más radical, que intenta cambiar la sociedad dada su ambición y optimismo.
Sin embargo, en la década del setenta inicia un proceso de burocratización y sovietización de la construcción. Ello hace que se elimine el arquitecto como autor y por consecuencia, la arquitectura como disciplina creativa.
Anadis: El cambio de paradigma de la Revolución de 1959 eliminó la arquitectura independiente porque se entendía como una práctica no compatible con el sistema socialista. Sin embargo, en 2011 cuando inicia el proceso de actualización económica, y aparecen nuevos negocios privados. El diseño surge como una demanda natural, comprendida no como un gasto o un lujo, sino una necesidad que se devuelve como inversión.
Así fue cómo surgieron prácticas independientes de la arquitectura con las que compartimos una conciencia de lo que estamos haciendo, de su importancia y hemos tratado de unirnos poco a poco.
Fernando: Tenemos que construir en Cuba cientos de miles de viviendas nuevas y rehabilitar posiblemente el doble. La construcción va a ocurrir querámoslo o no, y la arquitectura va emerger querámoslo o no, de manera ilegal o de manera legal.
En el grupo de arquitectos del que somos parte estamos abogando, a través diálogos con el gobierno y de estrategias en los medios de comunicación, por brindar a la ciudad una necesidad que tiene por cubrir un vacío de varias décadas. Simplemente, tenemos esta propuesta sobre la mesa y estamos esperando ver qué ocurre con ella.

Al respecto de las restricciones que hay sobre el ejercicio de la arquitectura por cuenta propia… Fernando: Hay un hecho bien claro: la nueva Ley del Trabajo cambia la condición de los estudios independientes de arquitectura que era un área gris, no estaban prohibidos ni permitidos, y los traspasa a un área negra. Esta coyuntura puede ser la posibilidad del renacimiento para la arquitectura cubana o el fin de un sueño de una generación que terminará emigrando. Desde un punto de vista optimista es una posibilidad de diálogo y de construcción de una nueva arquitectura.
Anadis: Para nosotros es una reafirmación de una de nuestras principales miradas y preocupaciones hacia la arquitectura de manera universal. La pregunta es ¿por qué mirarla como una práctica que no puede ser independiente? ¿Por qué limitar esta práctica? Esta pregunta sitúa a la arquitectura como una herramienta de la política.
Sabemos que el diseño es político; la decoración es política; las decisiones que tomamos acerca de los objetos, los materiales, las formas que nos rodean, y la manera en que vivimos es una manifestación política, en tanto que es pública y en tanto se convierte en lo que le da forma a una ciudad. La forma que toma una ciudad es también consecuencia de sus intenciones políticas y de su historia y devenir. A pesar de ello, la arquitectura y el diseño no tienen que ser vistos estrictamente de esa manera.
Fernando: Por otro lado, la ciudad va a tener la arquitectura que se merece. Si la arquitectura de autor desaparece entonces tenemos que cruzar los dedos y confiar que Pinterest, la improvisación y los contratistas privados nos den una ciudad no tan mala como la que posiblemente creemos que nos darán.
¿Qué caracteriza a un arquitecto cubano? Fernando: “El rasgo fundamental de la construcción en Cuba no es la escasez, sino la incertidumbre. Podemos tener muchos materiales en un momento y la semana próxima no tener ninguno. La capacidad de adaptación que debe tener un arquitecto para construir, más allá de su simpatía por la lentitud. Por otro lado, aunque soy bastante crítico con estas, las universidades cubanas de arquitectura tienen gran reconocimiento a nivel internacional.
Nosotros no creemos en la identidad, por ejemplo, de una arquitectura nacional. No creemos en hacer una arquitectura cubana, pero sí creemos en algunas circunstancias económicas y políticas que nos definen como arquitectos cubanos y quizá eso es lo que algunos llaman identidad.

Respecto al rescate del pasado, ¿qué valor le dan? Anadis: Es un tema bastante sensible el de romantizar en torno a lo pasado porque tenemos una ciudad bellísima y en ruinas que es un aliento al turismo de desastre.
¿Ese no es también parte de su encanto? Anadis: Es un encanto bastante dramático que no es objetivo. Un encanto de postal, de distanciamiento.
Fernando: Y que su base es la exclusión y el desequilibrio social.
Anadis: Los habitantes de la ciudad tradicional no están felices con la arquitectura tradicional. Sí creemos que tiene que ser rescatada que no se pueden perder esos espacios que representan otras épocas y que se han sabido adaptar muy bien. La ciudad decimonónica se adapta perfectamente a las necesidades de la vida actual porque es muy flexible espacial y tipológicamente.
Sin embargo, los edificios tienen un tiempo de vida y tampoco resulta útil ser completamente nostálgicos acerca de eso. La ciudad necesita acción sobre todas las cosas y para eso necesitamos libertad y, por supuesto, permitir otro tipo de movimientos y gestiones sobre esta que no sean tan centralizados y burocratizados.

Fernando: “Si entendemos a La Habana como un proceso constructivo nos damos cuenta que fue parado en su máximo punto de saturación. En la época que más se edificó fue desde 1940 hasta 1962. Por tanto, es una urbe paralizada en su momento cumbre y esto tiene la parte buena porque sobrevivió a las estrategias fallidas de las otras ciudades latinoamericanas con ambición de modernidad y, por otro lado, tiene su fecha de caducidad muy corta. Vivimos en una ciudad que cada día hay dos derrumbes parciales y no se construye lo suficiente como para revertir estas matemáticas. Hay que recuperar algunas cosas, pero tener claro que no todo.
Anadis: La Habana tiene un retraso temporal respecto al mundo. Por ejemplo, todas las ciudades latinoamericanas actualmente tienen un paisaje similar. Sus centros están llenos de rascacielos y torres de vidrio. Eso a La Habana nunca llegó. Tampoco llegaron las autopistas, los embotellamientos del tráfico, ni los supermercados ni los desarrollos urbanos que arrasan con la ciudad tradicional. Nunca llegó la rehabilitación del puerto de La Habana. La bahía es un espacio disponible para el desarrollo urbano, un espacio vacante.
Existe una brecha temporal. En este momento las ciudades están volviendo a las bicicletas, tratando de reducir sus automóviles, las torres de vidrio no funcionan climáticamente porque consumen demasiado y acaban con lo tradicional… Sin embargo, para los cubanos hay un deseo de vivir un poco de lo que fue esa realidad. En esa contradicción de tener que madurar, saltar un paso y quemar una etapa con la necesidad de vivirla, es que están todas nuestras batallas porque creemos que la arquitectura cubana está inspirada, muchas veces, en patrones foráneos pasados que no funcionan ya que son deseos superficiales, vacíos, porque llegan a través del espacio virtual. Precisamente en todas esas contradicciones tanto a nivel arquitectónico como a nivel urbano, la ciudad tiene que resolver sus problemas.

F: ¿Hacia dónde va Infraestudio? Retos, proyecciones, planes… Anadis: Lo que más nos interesa es seguir desarrollando estas vertientes opuestas de lo que se considera arquitectura y lo que se considera arte. Tenemos dos salidas de trabajo: por un lado, los encargos o necesidades públicas; y por otro, nuestras obsesiones personales que se materializan en otras prácticas como instalaciones, libros, conferencias…
Fernando: Queremos que Infrestudio tenga los bordes más difusos y sea más transdisciplinar. Estamos desarrollando dos proyectos: una exposición que se llama Casas para piedras y lo otro es continuar con nuestra editorial de libros únicos, Ediciones Infralevel. Por la parte de la arquitectura, queremos terminar los proyectos que están en proceso de construcción. Para ser arquitecto en cualquier parte del mundo hay que tener una gran simpatía por la lentitud y el simple hecho de ya poder terminar nuestra obra sería importante para dar el siguiente que paso que ni siquiera sabemos cuál es.
Fonoma es un servicio de recargas a Cuba:
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