Los memes, protagonistas del discurso público virtual en Cuba#
Estamos en la era de la mememanía: la tira humorística del siglo XXI, no es propiedad de nadie en específico ni se publica exclusivamente en periódicos de renombre. No necesita ese tipo de legitimidad, y justo esa característica funge a un tiempo en debilidad y fortaleza. Prácticamente para cada situación, sentimiento, escena embarazosa y hasta facciones políticas hay un meme. La palabra clave, viral; la estrategia: visibilidad de ciertos estados de opinión, reacciones orgánicas, con una inversión mínima y desde una posición pública relativamente cómoda.
Los estudios sobre el uso de los memes en Cuba son incipientes, pero los pocos que existen refieren invariablemente el trabajo del científico de la Universidad de Oxford Richard Dawkins en El gen egoísta (1976), donde planteó los antecedentes del campo conocido en la academia como memética. Y ahí vive esta unidad de imagen y texto breve, con ideas expresadas generalmente en forma de burla y sátira, que hoy denominamos meme (algo repetido).
Desde la primera mitad del siglo XX el fotógrafo norteamericano Harry Whittier incursionaba con fotografías de animales — sobre todo perros y gatos pequeños — vestidos como personas y posando en actividades comunes de seres humanos. Por ese humor tan atemporal, años después a Whittier se le conoce como el fotógrafo original de los “Lolcats”, precursor de los memes, aunque su vida no fue tan risueña como su trabajo con estas postales.

Cuba, como en casi todo lo relacionado a la tecnología y a las dinámicas en Internet, no es de los primeros escenarios en los que se desarrollan tendencias. Pero la irrupción masiva a las redes digitales en diciembre de 2018 fue un punto de giro, y hoy en la Isla los memes son protagonistas del discurso público virtual.
No necesariamente todos los memes son de corte humorístico, pero por norma “son un producto de información visualmente atractivo y fácil de digerir. Con una forma simple y básica (imagen y texto) que despierta el interés de las personas”, dijo a IPS Gustavo Curbelo, graduado de Ciencias de la Información, quien dedicó su tesis de licenciatura a este formato.
Existen, de hecho, numerosas comunidades y grupos cubanos en diferentes plataformas de redes sociales y de mensajería que se dedican casi exclusivamente a compartir memes, con todos los debates y las opiniones que generan de modo vertiginoso. Es cada vez más común que, luego de algún suceso — sea de corte social, económico o político — en minutos ya es posible encontrar memes sobre el tema.
De forma que en muchas de nuestras interacciones sociales es posible presenciar — participar, estar en desacuerdo y/o discutir acaloradamente — debates que no siempre llegan a madurar en torno a la sexualidad, la dura situación económica de Cuba, la política, la discriminación… El meme funciona como medidor de las inquietudes, inconformidades y las percepciones sobre la vida nacional de esa parte de la ciudadanía que conforma los espacios virtuales.
Quizás uno de los ejemplos más representativos de la viralidad de este formato y su uso para potenciar y hasta modelar estados de opinión, incluso con repercusión en la prensa oficial, fueron los memes que surgían inmediatamente después de la transmisión de cada capítulo de la reciente telenovela cubana El rostro de los días.

No es necesario esperar por un análisis en un medio especializado, en tanto cada usuario es potencialmente creador de contenidos y significados, conectados por determinadas cuestiones culturales, códigos y contextos sociales compartidos. Ha sido asombrosa la forma en que ha movido opiniones y posturas que en el escenario cubano no eran antes tan visibles.
El riesgo, según destacan numerosos estudios en el mundo, reside en una de sus características más poderosas: su vida efímera. Aunque el contenido de un meme no está destinado a perdurar en el tiempo, las ideas que transmite sí lo hacen. Un meme, obviamente, no crea una idea, más bien refleja las que ya existen con menor o mayor fuerza en los diversos contextos sociales. Lo mismo que ocurre con toda herramienta de comunicación y tecnología, las repercusiones positivas o negativas dependen casi siempre del uso que se haga de ellas. Y esto lo determinan las personas, no la tecnología.
En el caso de la referida novela cubana, fue llamativo la cantidad de memes que fueron difundidos con posiciones sexistas y discriminatorias sobre un tema sensible para cualquier país como es el aborto y el abuso infantil. Por otro lado, es también frecuente su uso para distribuir mensajes comprometidos con el empoderamiento de las mujeres y burlarse de sistemas patriarcales como algo pasado de moda y que necesita ser superado.
De acuerdo a la socióloga Ania Mirabal, educadora popular y especialista en temas de género, los memes muestran en ocasiones una lamentable concepción del mundo, más ampliamente compartida de lo que se suele pensar.

Además, este formato también visibiliza la forma — muchas veces acrítica — en que se comparte y se difunde contenido falso que, por la misma dinámica viral y espontánea del fenómeno, no estimula a la verificación. Este uso particular ha sido analizado en varios países, donde la experiencia digital de las personas es más longeva y masiva que en Cuba.
El humor casi nunca es inocente, y es esta una idea compleja porque, ¿quién dice sobre qué es “correcto” reírse y sobre qué temas no? ¿El problema está en el humor? Hasta el momento en la Isla, tanto debido a lo reciente del fenómeno en términos de masividad, como a la ausencia de investigaciones y análisis sobre los usos que se hace de los memes, existen más preguntas que respuestas. Pero es innegable que el formato ha demostrado ya su eficiencia y poder comunicativos.
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