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Entrevistas

Made in Cuba: Hechizos D’Brujas

Sandra Aldama es la creadora de un singular emprendimiento de cosméticos artesanales, fundado hace casi una década en La Habana.

Rachel D Rojas 6 mins
Sandra Aldama, fundadora de D’Brujas
  • Capítulo #16 de la Serie de Fonoma: “Emprender”

Sandra Lídice Aldama Suárez habla rápido y con todas las palabras muy bien moduladas, como si estuviera grabando un slogan. “Me vas guiando, porque yo hablo mucho”, se presenta la fundadora de D’Brujas. La conversación comenzó con el sol del camino todavía en la piel, desde el segundo en que entramos a la habitación/taller del pequeño apartamento en La Víbora en que lanza sus hechizos.

La vista y la curiosidad peinan cada pomito de cremas verde o rosa, polvos con diferentes texturas y colores, ingredientes que huelen a parajes insólitos, plantas en secaderos para concentrar propiedades… ya Sandra había salido del mundo profesional de la educación especial en el que se formó hasta 1998. Para el cuarto minuto de charla estábamos en 2010, ella era madre desde el año anterior y había abierto un salón de peluquería.

Paréntesis: en un segundo plano de atención era notable que en el estudio/taller/laboratorio de D’Brujas, famoso por sus jabones naturales, no se veía un solo jabón expuesto.

D’Brujas es un emprendimiento fundado en 2013 en La Habana
D’Brujas es un emprendimiento fundado en 2013 en La Habana. Foto: Javier Pérez/ Fonoma.

El saloncito de peluquería duró solo un año. Para 2011 Sandra ya sabía que haría jabones artesanales, con la técnica que era posible utilizar en las condiciones de Cuba, sin que existiera una licencia legal para ese negocio y con los ingredientes que podía encontrar en la Isla. También sabía que su negocio se iba a llamar D’Brujas .

El referente más importante para esta elección fue su abuela. Ofelia Zambrano tiene hoy 95 años, y en la Cuba de antes de 1959 era asesora de una perfumería francesa, hasta que llegó a ser dueña de una fábrica. Luego, por 1976, creó una línea propia de productos con ingredientes naturales cubanos, que utilizaba en sus servicios de limpieza de cutis y otros tratamientos. “Para mí ella es una enciclopedia viva, y tiene mucho conocimiento de años de investigaciones propias”, dice.

Hasta este punto Sandra parece una atrevida, llena de coraje. Cualquiera que haya siquiera soñado con iniciar un emprendimiento propio sabe lo que este coraje significa: concebir un plan de negocios, lograr un estudio honesto de mercado, crear producciones con valor, acceder a materias primas, generar salarios justos, formular precios aterrizados, encontrar realización profesional… labrar un camino para vivir en Cuba feliz y honradamente.

No es que Sandra parezca una atrevida, es que un atrevimiento pertinaz, contagioso, le recorre las venas.

En D’Brujas fabrican productos artesanales de cosmética
En D’Brujas fabrican productos artesanales de cosmética. Foto: Javier Pérez/ Fonoma.

En 2013 ya D’Brujas tenía una pequeña tienda. Eran Sandra y otras dos vendedoras; hace un tiempo, antes del coronavirus, llegaron a ser nueve las brujas. Producían jabones de varias esencias, aunque la base con la que trabajaban era siempre la misma: el jabón de Marsella, importado por las autoridades cubanas desde Francia y que se vendía en una pequeña tienda en La Habana. Imagine que la materia prima base de su negocio dependa de las cantidades que una institución estatal decida importar. La sostenibilidad de aquel sueño era lo primero que estaba en juego en cada compra.

“Fue un proceso de mucha prueba y error, porque el producto debe tener calidad, deben estar claras las proporciones, y esta base para crear jabones estaba bien porque era neutra, sin color ni olor. Así que optamos por ella”, comenta Sandra.

Su responsabilidad al frente de un emprendimiento que crea productos para el cuidado de la piel no es poca. La cultura de protección del órgano más grande del cuerpo humano en una isla del caribe con un sol implacable, por increíble que esto sea, es prácticamente insulsa.

Por otra parte, las consultas dermatológicas son estrictamente clínicas; solo si cuando el riesgo para la salud es evidente, se conciben tratamientos para mejorar el aspecto, niveles de hidratación, combatir manchas, etc. El mundo de los remedios naturales, de las propiedades curativas y regeneradoras de muchísimas plantas queda entonces en un margen ambiguo con muy poca divulgación, más allá de las tradiciones de algunas familias, como la de Sandra.

“Nos llegan muchas preguntas: si este u otro de nuestros productos quita el acné, las manchas, si sirve para las arrugas o las estrías, etc. Pero no somos doctoras, no podemos asegurarle eso a nadie. Lo tenemos muy claro siempre. Hay quien sí lo hace, porque sabe que vende, aunque sea humo. Como esas estrategias del ‘antes’ y el ‘después’, que no soporto. Ahora, los productos que usamos sí tienen sus propiedades, lo que no a todo el mundo le funciona lo mismo. Así que, por una cuestión ética, tenemos mucho cuidado con esos temas”.

Sandra Aldama obtuvo la inspiración de su abuela, Ofelia
Sandra Aldama obtuvo la inspiración de su abuela, Ofelia. Foto: Javier Pérez/ Fonoma.

Al comienzo, los procesos para localizar y obtener las materias primas de sus producciones eran una locura. Para empezar, son ingredientes caros. No siempre es posible comprar todo lo que se necesita. Otras veces, ante la extrema escasez, cuando aparecen hay que desembolsar muchísimo dinero por adelantado para asegurar alguna producción por más tiempo. “Eso desbarata cualquier tipo de planificación que intentes”, resume ella.

Pero se las arreglaron de las formas más creativas. Importaban a través de las llamadas “mulas” (personas que viajan a otros países para comprar productos y luego venderlos en el mercado informal de Cuba), previendo con seis semanas de antelación las necesidades de algunos productos, enviaban el dinero a Estados Unidos, el padrastro de Sandra hacía las compras por Internet, de California lo enviaban a Miami, y de ahí salían las cosas distribuidas a La Habana en decenas de maletas. Todo eso, cada mes.

De hecho, este ha sido el primer momento en que D’Brujas no ha tenido la base que utilizan para sus jabones. Ahora, con el nuevo permiso para trabajadores privados cubanos de importar a través de instituciones controladas por el gobierno, los procesos para localizar y obtener las materias primas de sus producciones siguen siendo una locura.

“Lo difícil es que para un negocio pequeño las cantidades nunca serán equivalentes a de una empresa estatal, que además ya tiene sus proveedores. Mis cantidades son mínimas, los productos son distintos y encontrar quien los venda es muy difícil. ¿Con cuántos proveedores tendría que tratar para traerlo todo? ¿En cuánto me sale esa importación? Sin llegar a la parte del dinero sigue siendo una locura”.

Aun así, es un proceso que está en marcha. En medio de una pandemia, Sandra se las ha arreglado, como muchos otros emprendedores, para mantener una pequeña oferta, con una cartera más amplia de productos, ante la imposibilidad de crear jabones.

Nuevo catálogo#

  • Exfoliantes corporales
  • Polvos faciales limpiadores
  • Mascarillas con base de arcilla rosa, harina de avena y caléndula, moringa o carbón vegetal
  • Sachets aromáticos para guardarropas y gavetas
  • Mantequillas corporales con mezclas de cera de abejas
  • Bolsas herbales para vapores faciales

“Hacer otro tipo de productos nos facilita la subsistencia, y además nos vamos desmarcando de otros negocios que están comenzando ahora — concluye — lo que no se puede es perder los deseos de hacer, de tirar adelante, por muy agotador que sea sostener esa postura siempre”.

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Fotos: Javier Pérez/ Fonoma.