Gracias al gigante Samsung Electronics, la cubanísima expresión “quemar el celular” dejó de ser otra de nuestras cotidianas exageraciones idiomáticas, para convertirse en una realidad que le costará a la compañía surcoreana la minucia de 17 billones — con B — de dólares… Bobería…
El problema es que siguen explotando como voladores de a peso los novísimos smartphone Galaxy Note 7, que salieron al mercado en agosto pasado como el rien va plus de la tecnología en celulares, y han devenido los 882 dólares peor gastados para buena parte de los compradores.
Samsung se movilizó y mandó a recoger dos millones y medio de la novedosa phablet, como llaman a este híbrido de phone y tablet. Más allá de sus arcas, se lo sentirán en su prestigio. Será difícil reponerse de este fiasco, uno de los más costosos en la historia de la tecnología.
Una amiga que recién regresó de New York me contó que en el avión pidieron, como es usual, apagar los dispositivos móviles, especialmente los Note 7, pues nunca se sabe cuándo y dónde explotaría un tareco de esos. Los fabricantes no acaban de entender por qué se incendian los Note 7. Solo saben que los ponen a cargar, las baterías se sobrecalientan y… ¡Puf!
Por lo pronto, las acciones de Samsung experimentaron su peor caída en la Bolsa de Seúl desde 2008. Los inversores le retiraron 20 billones de dólares, batacazo que esfuma sus sueños de romper la supremacía de Apple Inc: en el mercado de smartphones, el iPhone 7 es el rey…

En la sede de Apple el champán corre por los pasillos, pero además de la manzanita de Jobs, la desgracia de Samsung favorecerá a Google Pixel, Oppo, Vivo, LG y Sony.
Sin embargo, el Galaxy Note 7 no es el primer celular que coge candela: en 2009, Nokia recogió 46 millones de baterías telefónicas propensas a sufrir corto-circuitos. Se sabe además que alguna que otra persona ha muerto al explotarle un celular. Hasta los iPhone han echado humo, pero nunca tanto. Todos advierten que los iones de litio de las baterías son inflamables, pero igual siguen fabricándolas por livianas, pequeñas y, después de todo, menos peligrosas.
Yo tengo un Samsung Galaxy, y ya tuve que cambiarle la batería. Me costó Dios y ayuda, y 17 CUC, encontrarla. Pero también tuve un LG que largó el táctil, un SKY que estiró la pata por lo mismo, y el BLU da su bateíto. Con el iPhone estamos sometidos a la esclavitud de Apple, hasta para meterle música. Para los pijos, los Nokia y Motorola son “viejos”, los BlackBerry tienen demasiadas teclas y los Alcatel… buéj… resuelven, pero no son Galaxy ni iPhone.
Así es la tecnología, a veces un tareco te dura un siglo, y un cañón ultra-moderno se rompe de nada. Y cuando el mal es de… ustedes saben.
