No son pocos los casos en la historia de la humanidad en que una proeza militar, un hecho heroico o un descubrimiento científico han sido erróneamente atribuidos a personas que, en realidad, no fueron sus protagonistas reales.

Tal fue el caso del italiano Antonio Meucci, el verdadero inventor del teléfono. Su vida, llena de peripecias dignas de la imaginación de un novelista, es un ejemplo de creatividad: ideó un nuevo método de galvanizado , un sistema de filtros para la depuración del agua e introdujo el uso de la parafina en la fabricación de velas.
Este ingeniero florentino emigró a Cuba en busca de fortuna en los años 30 del siglo XIX. Mientras aplicaba pequeñas descargas eléctricas a pacientes reumáticos para aliviarlos, se percató de que la transformación de las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos permitía transmitir la voz a distancia, a través de un cable.

Tras diseñar varios prototipos, Meucci construyó un primer modelo en 1855 de lo que llamaría telétrofono. Así que, ciertamente, el teléfono nació en La Habana.
Un dato curioso: El primer diálogo telefónico tuvo como protagonista al matrimonio Meucci, pues el inventor había instalado un aparato para conectar su oficina con el dormitorio de su esposa, aquejada de reumatismo. Estas fueron las palabras que intercambiaron:
Antonio: ¿Cómo estás, querida? Soy yo, Antonio, ¿me oyes bien?
Ester: ¡Muy bien!
Antonio: No hables tan fuerte, ¿quieres dejarme sordo?
Meucci realizó la primera demostración pública del teléfono en 1860, cuando la voz de un cantante fue reproducida desde considerable distancia. Aunque el suceso fue ampliamente divulgado por la prensa italiana de Nueva York, ciudad a la que el científico italiano había emigrado diez años antes, nunca se materializaron las ofertas que suscitó.
En 1871 presentó un artilugio perfeccionado al que llamó teletrófono. Incapaz de renovar los pagos para registrar su invento debido a su precaria situación económica, vio con sorpresa y disgusto cómo el escocés Alexander Graham Bell obtenía la patente del nuevo aparato.

¿Se preguntan cómo fue posible que Bell “robara” el invento? Antonio Meucci tuvo un accidente del que salió con severas quemaduras, y su mujer vendió objetos de su laboratorio a un prestamista para pagar las medicinas. Cuando el italiano intentó recuperar su trabajo, era demasiado tarde. Meucci reclamó infructuosamente ante los tribunales hasta su muerte, en 1899.
Solo se le hizo justicia 103 años después, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que honra la vida y el trabajo realizado por Meucci, y lo reconoce como legítimo inventor del teléfono. También el gobierno italiano le concedió póstumamente el título de Inventore ufficiale del teléfono.
Si eres de los que aporta hechos curiosos a la comida familiar, o quieres impresionar a alguien, ya puedes contarle la historia de cómo mucha gente recuerda a Bell, pero fue Meucci quien “marcó” primero.
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