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Zapya en Cuba: conexiones sin conexión

Esta app es una de las imprescindibles en el smartphone cubano: permite compartir archivos en un país con conectividad escasa.

Ariel Causa 4 mins
Esta app es una de las imprescindibles en el smartphone cubano: permite compartir archivos en un país con conectividad escasa

Un grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, emplea una app para conversar en total silencio. La profesora, se detiene, observa, pregunta, extrae su Smartphone, copia la herramienta y días después la usa para entregar bibliografía. En una esquina anónima, mientras espera un autobús, dos perfectos desconocidos se conectan usando la misma aplicación e intercambian archivos y actualizaciones. En la madeja de habitaciones de la Fábrica de Arte Cubano, dos jóvenes se descubren, se conocen, se enamoran empleando el chat de esa app.

Zapya — probablemente lo sabes — es el nombre de la protagonista de tantas historias. Desarrollada en 2012 por DewMobile Inc. , empresa conformada con capital de riesgo chino y dedicada a su producción de forma exclusiva, se define como una herramienta de intercambio de archivos inter-plataformas, o sea, capaz de enlazar dispositivos con diferentes sistemas operativos (Windows, Android, iOS) y conformar redes locales con ellos.

Las potencialidades son casi infinitas: básicamente todo lo que implique transferir información desde un dispositivo a otro, sean palabras o imágenes, aplicaciones o videos, puede hacerse en segundos.

No es la única app capaz de hacer esto, sin embargo, su énfasis en las funcionalidades de carácter “social”, como el chat, la capacidad de “robar” aplicaciones y actualizaciones de otro dispositivo, la posibilidad de ser “sugerida” mediante el envío de un QR y la integración con redes sociales, han garantizado su viralidad, sobre todo, en la mayor de las Antillas.

Personas compartiendo archivos con Zapya en Cuba
Foto: Yariel Valdés / OnCuba

DewMobile siempre ha tenido muy claro el mercado para su producto: países o regiones con conectividad limitada o excesivamente cara, en donde existe, además, una cultura del file sharing y del content sharing y una tradición de desconocer el derecho de autor y la propiedad intelectual tal y como se conciben, y defienden en algunas partes de Occidente. China, India, Pakistán siguen siendo las naciones dominantes.

Esto explica su popularidad rampante en Cuba, en donde una app como Zapya es más que bienvenida.

En mi opinión, tiene que ver con dos características de nuestra identidad nacional que los antropólogos nunca estudiarán lo suficiente: a) los cubanos tenemos una propensión natural a encontrarle usos insospechados a cualquier herramienta, y b) somos extremadamente sociables y gregarios por naturaleza.

Zapya es un pretexto, un vehículo propicio para canalizar nuestra natural sed de socialización, tanto como un mecanismo para minimizar el impacto que la baja tasa de conectividad tiene en un país con una cultura y educación del siglo XXI y una infraestructura de finales del XX. No es un fenómeno nuevo: Bluetooth, IRC, ICQ, los foros, las casillas vocales, todos tuvieron su turno antes.

Reemplaza efectivamente a servicios basados en la web que es imposible utilizar donde no hay web. ¿Sabes cómo se dice Snapchat en “cubano”?: Zapya. ¿Sabes cómo se dice Tinder y Grindr en “cubano”? Zapya. Es un Google Play nómada, un YouTube de bolsillo.

Sirve para enamorar, para concertar negocios, para mantenerse al día, para buscar encuentros sexuales, para darse publicidad, para hacer bullying, para copiar las respuestas de la prueba, para jugar…

Es invasivo. Si no ajustamos con criterio su configuración, permite que cualquiera acceda a nuestros archivos personales. De hecho, con suficiente tiempo y espacio en su teléfono, alguien que esté en control del nuestro puede “clonar” toda la información en él, lo cual es bastante aterrador.

Lo mismo va para la información que DewMobile Inc. puede obtener sobre el propietario de un dispositivo si se conecta a Internet: desde el contenido de nuestra libreta de contactos hasta nuestra ubicación, pasando por los mensajes de texto. Si no me creen, pasen por el panel de Ajustes de su dispositivo y vayan a Apps, desplieguen Zapya y dediquen un minuto a leer.

Más relevantes y menos notables a simple vista son los impactos culturales de una app que ha pasado del sustantivo al verbo — “zapyar”, “zapyarme”, “zapyarnos” — en menos de dos años.

Para los jóvenes cubanos es invaluable pues provee de un universo paralelo, rico y multimedia en el que desarrollar sus dramas y tramas, lejos de la supervisión poco atenta, incomprensiva y analógica de padres y otros adultos responsables, para quienes Facebook sigue siendo “lo último que trajo el barco”.

Es una oportunidad de oro para la enseñanza que puede adoptar plataformas como esta para encontrar maneras más dinámicas de hacer. Para que en clase, además de comentarios sobre el profe, se intercambien archivos que contribuyan al aprendizaje de la asignatura. Para que en casa, además de la charla del condón, tengamos la charla de la protección de datos. Para que las maneras de hacer se adapten a las nuevas plataformas entendiendo los retos que implican pero sin recelos, ni nostalgias de un periodo pre-Zapya en el que la información no era susceptible de protagonizar el acto de magia cotidiano en el que entraba en un bolsillo y salía por otro.